Lengua Castellana y Literatura II
PAU · Comunidad Foral de Navarra · Común (fase de acceso) · 1 h 30 min
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Simulacro 1 — Lengua Castellana y Literatura II (Navarra)
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Exponga las características, los temas y los autores principales de la literatura de fin de siglo, distinguiendo entre el Modernismo y la Generación del 98, y señalando sus fuentes, sus aportaciones y sus obras más representativas.
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Solución
La literatura de fin de siglo surge en un contexto de crisis de los valores burgueses nacidos de la Revolución Industrial. Frente al Realismo descriptivo y objetivista que había dominado la segunda mitad del siglo XIX, los escritores finiseculares giran hacia la subjetividad, la estética y la introspección. Dentro de este movimiento renovador, se distinguen dos corrientes complementarias: el Modernismo y la Generación del 98.
El Modernismo nace en Hispanoamérica de la mano de Rubén Darío, cuyas obras «Azul...» (1888) y «Prosas profanas» (1896) constituyen los manifiestos de la nueva estética. El Modernismo es, ante todo, una actitud vital que rechaza la vulgaridad utilitarista de la sociedad industrial y busca refugio en la belleza. Se nutre de dos corrientes francesas fundamentales: el Parnasianismo, del que toma la obsesión por la perfección formal, el vocabulario exquisito y los temas exóticos, medievales y mitológicos bajo el principio del «Arte por el Arte»; y el Simbolismo, del que incorpora la voluntad de sugerir emociones vagas a través de símbolos, la sinestesia y, sobre todo, la musicalidad suprema del verso. Los temas predilectos del Modernismo son el cosmopolitismo (con París como ciudad ideal), el escapismo en el espacio (Japón, Oriente) y en el tiempo (el Rococó, la Edad Media), la sensualidad, el erotismo y el hastío vital o «spleen». En España, el Modernismo adopta una vertiente más íntima y melancólica, sin el brillo exterior del americano. Sus representantes son los hermanos Manuel y Antonio Machado en sus inicios, con «Soledades» (1903), y Juan Ramón Jiménez, con «Arias tristes» (1903), obras marcadas por la melancolía, el paisaje interior y la búsqueda de la pureza lírica.
La Generación del 98, coetánea del Modernismo, surge de la interiorización del «Desastre» nacional: la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas en 1898, que simboliza la decadencia definitiva del imperio español. Los escritores del 98 abandonan la objetividad realista y la sustituyen por un profundo subjetivismo: proyectan sus propios estados de ánimo sobre el paisaje de España, especialmente Castilla, que para ellos encarna la austeridad, la grandeza histórica y la decadencia presente de la nación. Sus temas principales son la reflexión sobre la historia frente a la intrahistoria (la vida cotidiana del pueblo anónimo, concepto acuñado por Unamuno), el casticismo, y los grandes problemas metafísicos y existenciales: el sentido de la vida, el choque entre razón y fe, y el paso inexorable del tiempo.
La Generación del 98 innova profundamente en todos los géneros literarios. En el ensayo, Miguel de Unamuno reflexiona de forma asistemática y pasional sobre el destino de España y la angustia de la inmortalidad en «Del sentimiento trágico de la vida» (1913). En la novela, el género se intelectualiza: Pío Baroja escribe obras pesimistas protagonizadas por personajes inadaptados, como «El árbol de la ciencia» (1911); Unamuno crea sus «nivolas», diálogos filosóficos donde los personajes cuestionan su propia existencia, como en «Niebla» (1914); y Azorín diseña novelas de ritmo lento centradas en el detalle sensorial y la contemplación del paisaje, como «La voluntad» (1902). En poesía, Antonio Machado evoluciona desde el intimismo modernista de «Soledades» hacia una lírica más cívica, reflexiva y comprometida con el destino del país en «Campos de Castilla» (1912), donde el paisaje castellano se convierte en símbolo de la España profunda.
En conclusión, Modernismo y Generación del 98 son dos caras de una misma reacción contra el positivismo y el materialismo de la sociedad burguesa finisecular. Mientras el Modernismo busca la evasión a través de la belleza y la perfección formal, el 98 mira hacia dentro, hacia España y sus problemas existenciales. Ambos movimientos comparten el rechazo de la mediocridad, la renovación del lenguaje literario y la reivindicación de la subjetividad como motor de la creación artística.