Lengua Castellana y Literatura II
PAU · Andalucía · Común (fase de acceso) · 1 h 30 min
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Simulacro 1: Literatura - Bloque 1
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La novela española desde principios del siglo XX hasta 1939: la Generación del 98 y el Novecentismo.
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Solución
Introducción
La narrativa española del primer tercio del siglo XX experimenta una profunda renovación que rompe con el Realismo y el Naturalismo del siglo XIX. Los escritores abandonan la pretensión de reflejar la sociedad de forma objetiva y se vuelcan hacia el subjetivismo, la experimentación formal y la expresión de la angustia existencial. Esta evolución se articula en dos grandes momentos: la novela de la Generación del 98 y el Novecentismo (Generación del 14).
1. La novela de la Generación del 98
Los noventayochistas convierten la novela en un vehículo para la reflexión filosófica y el análisis del «problema de España». Sus narraciones se caracterizan por el predominio del diálogo, la escasez de descripciones físicas, el perspectivismo y la presencia de protagonistas abúlicos, paralizados por la duda vital y la crisis religiosa.
Miguel de Unamuno rompe con la novela tradicional creando el concepto de «nivola». Sus obras se centran en el conflicto interior de los personajes (el «agonista»), dando protagonismo absoluto a los diálogos y monólogos. Su obra maestra es «Niebla» (1914), donde el protagonista Augusto Pérez se enfrenta a una crisis existencial que le lleva a dialogar con el propio Unamuno, cuestionando la frontera entre ficción y realidad. Otras obras destacadas son «San Manuel Bueno, mártir» y «Abel Sánchez».
Pío Baroja es el gran novelista de la generación. Defiende la «novela abierta», sin un plan rígido. Su estilo es antirretórico, claro, directo, de párrafo corto. Sus protagonistas son inadaptados que sucumben a la apatía, influenciados por el pesimismo de Schopenhauer. Su obra cumbre es «El árbol de la ciencia» (1911), novela semi-autobiográfica donde el médico Andrés Hurtado constata la crueldad del mundo y el atraso de España.
José Martínez Ruiz, «Azorín» crea una novela lírica e impresionista, caracterizada por el «estatismo narrativo»: apenas hay argumento y el tiempo parece detenerse. Le interesa el detalle minucioso, la melancolía del paso del tiempo y la evocación del paisaje castellano. Su sintaxis es muy sencilla, basada en oraciones simples y coordinadas. Destaca «La voluntad» (1902), protagonizada por Antonio Azorín, un personaje consumido por la abulia.
Ramón María del Valle-Inclán evoluciona desde el Modernismo refinado de las «Sonatas» (protagonizadas por el Marqués de Bradomín) hasta el esperpento, técnica que deforma sistemáticamente la realidad, animaliza a los personajes y mezcla lo trágico con lo grotesco para denunciar la miseria de España. Su gran obra esperpéntica narrativa es «Tirano Banderas» (1926), precursora de las novelas de dictadores hispanoamericanos.
2. La novela del Novecentismo (Generación del 14)
Frente al desgarro emocional del 98, hacia 1914 surge un grupo de intelectuales que proponen un «arte deshumanizado» (término de Ortega y Gasset). Buscan una literatura pulcra, elitista, racional y formalmente perfecta, huyendo del sentimentalismo.
Ramón Pérez de Ayala cultiva una novela intelectual, ensayística y perspectivista. Sus personajes sirven para debatir ideas filosóficas o estéticas, con un tono irónico. Destaca «Belarmino y Apolonio» (1921), donde reflexiona sobre el lenguaje y la verdad.
Gabriel Miró es el maestro de la «novela lírica». La trama argumental es mínima y se subordina a la recreación sensorial (olores, colores, luces). Su prosa posee una riqueza léxica y musicalidad insuperables. Destacan «Nuestro Padre San Daniel» y «El obispo leproso» (1928), donde retrata la atmósfera asfixiante e hipócrita de Oleza, ciudad ficticia trasunto de Orihuela.
Conclusión
En definitiva, la novela española del primer tercio del siglo XX se renueva profundamente a través de dos movimientos complementarios: la Generación del 98, centrada en la reflexión existencial y el problema de España, y el Novecentismo, orientado hacia la perfección formal y la deshumanización del arte. Ambos movimientos sientan las bases de la narrativa contemporánea española.